Ver el mundo a traves de los ojos de otra persona es algo que siempre nos despierta la curiosidad. En el caso de Luis y Efraín lo que despierta es admiración. Estos dos perfiles de la fotografía canaria son un buen lugar desde donde ver el mundo.
Del laboratorio
químico al
Photoshop
Luis Nóbrega y Efraín Pintos
repasan conjuntamente su
trayectoria vital por el mundo
de la fotografía
Cae la tarde y Luis Nóbrega es el primero en tomar la palabra. Afirma que siempre le interesaron las relaciones entre los seres humanos, “por eso he ido a otros países para ver de qué forma resuelven ellos los problemas de su vida. Y la fotografía me ha ayudado en cuanto a que luego he hecho exposiciones a la vuelta de cómo un canario ve a una persona en cualquier
lado del mundo. El afán de viajar y las relaciones humanas es lo que me ha llevado a tener la fotografía como base, soporte, de todo esto. Para mí, muchas veces, ha sido como un descanso a un deber que tenía que realizar tanto de joven como después en los estudios. Luego me planteé seguir con el último curso de la carrera que estaba estudiando, Ciencias Químicas, o dedicarme a la fotografía, y elegí esta última, que es lo que prácticamente me ha resuelto la vida”.
Por su parte, Efraín es rotundo y asegura que “siempre he sido fotógrafo, pero no artista. Soy fotógrafo y estoy al servicio del que necesita una fotografía. No hago fotografía de autor, todo obedece a un encargo de un cliente. Alguna vez lo he hecho pero no es normal. Soy un profesional de la fotografía”. Al principio le gustaba la fotografía publicitaria, y luego la arquitectura, “pero profesionalmente no sacarle una fotografía a una casa. Es decir, la de paisaje urbano, las verticales paralelas que te encarga un arquitecto. Al cabo de los años me fui especializando en fotografía de arte, y por eso es por lo que muchas veces me relacionan, pero no, yo hago fotos de arte pero el hecho artístico lo ha hecho otro. He participado en alguna colectiva, pero no es lo mío. Ahora por ejemplo participo en una de las exposiciones de FOTONOVIEMBRE pero son fotografías que se hicieron para el catálogo de un arquitecto, que como me daba plena libertad he mirado y tratado la visión y el trabajo fotográfico como una escultura no un lugar para vivir, o de estar o de usar. En este sentido, recuerda un aspecto sumamente importante, “hay como dos grandes familias o dos zonas donde se mueven los fotógrafos”.
No todo el mundo es fotógrafo,
porque está la persona que saca
fotos y está la que escribe con luz.
El 99 % de las que hago son fotos, primero tintadas con luz o iluminadas, y el click es posterior,
es el final, pero a lo mejor te pegas 8 horas para iluminarla y hacer un click final. Eso es escribir con luz y otra cosa es sacar fotos, que lo hace cualquiera en un viaje y saca 300. Pero a lo mejor alguna vez se va a un hotel y sabe que tiene que esperar a un atardecer para hacer una foto. Eso ya sería escribir con luz, es decir, que se motiva porque la luz que va a haber
en ese momento es la foto que va a hacer”. En este punto, Luis echa la vista atrás y asevera:
“lo que me gusta son los viajes, la naturaleza. Recuerdo que uno de los primeros trabajos que tuve fue en el Cabildo, que me encargaron unas fotos turísticas de todas las islas para folletos y carteles. Estuve bastante tiempo y eso me llevó a conocer mucha gente que ni siquiera sabía que existía, lo que es muy gratificante”. Otra de sus pasiones ha sido la parte arqueológica, donde estuvo “trabajando con Luis Diego Cuscoy, al que acompañaba
al Teide y al campo”. La relación con Cuscoy empezó “con sacar unas reproducciones de todo
el museo que se vendieron como colecciones y servía para autofinanciar los gastos del museo. Por ahí empezó, con él era muy fácil ser amigo y era una persona muy amena y entrañable, y colaboré con él durante mucho tiempo”. Todo ello, le ha llevado a tener una visión fotográfica
que “ha tenido mucho que ver con la naturaleza y el exterior. Ahí me he sentido bien y he viajado a otros países y siempre a fotografiar cosas del exterior”. Además, se siente satisfecho con su obra y si es reconocida o no “es otro asunto”. Yo necesito estar muy
satisfecho y eso me da felicidad y ganas de vivir”.
INICIOS FOTOGRAFÍA EN TENERIFE
Estamos hablando de principios y mediados de los años 70 y eran muy pocos. Pero se reunían
aunque “nunca se llegó a nada”, revela Luis Nóbrega, quien afirma que “eran sobre todo para defender la profesión, en el sentido de que siempre había discusiones sobre este territorio
es mío, como cernícalos, y no entres en mis territorios, el intrusismo en la profesión y la lista de precios”. Rápidamente Efraín Pintos hace memoria y exclama: “¡Pero era imposible
llegar a nada!. Yo decía que fotógrafo es el que paga autónomo porque había gente que trabajaba de 8 a 3 en un banco o en una empresa y eran unos fotógrafos buenos, pero por la tarde después de acabar su jornada. Entonces contra ellos no podías competir porque si yo tenía que cobrar una transparencia a 5.000 pesetas, llegaban otros y la ofrecían a 3.000 porque tenían otro trabajo y las otras 2.000 ya la habían ganado por la mañana. Además, los canarios teníamos una cosa que no tenía nadie en la península porque entregábamos el rollo de ektachrome a las 4 de la mañana y a las 8 estaba revelado. Y pasaron muchos años hasta que eso pasó. Además era un revelado oficial. Eso cuando llegó a Madrid o Barcelona fue años después.
Nosotros ya estábamos en el meollo
y sacábamos una calidad muy
buena, las placas que hacíamos
con el sistema de burbujeo de nitrógeno
no lo tenía nadie en España”.
Del mismo modo, Efraín nos revela que “para estudiar la fotografía no había ningún sitió hasta que Luis Nóbrega se dio cuenta de que también había que enseñar su trabajo porque la transmisión de la experiencia es un hecho completamente natural y no lo puedes parar. Guardarse un secreto o tener un sistema secreto, aparte de que es una tontería, es malo, es dañino para el que se lo guarda. “La experiencia tiene que circular”. Luis Nóbrega entra al
trapo y recuerda que “acceder a los conocimientos de fotografía y a una cámara era muy difícil”. Cuando uno compraba una es que había visto mucho y también llevaba tiempo ahorrando porque no había préstamos como ahora. De hecho cuando uno de nosotros se compraba una cámara todo el mundo se enteraba y era una gran cosa, y se enseñaba de
unos a otros, era un auténtico acontecimiento. Además, las cámaras las comprabas para 10 o 20 años y nos costaban el sueldo de varios meses. Maya nos resolvió bastante, Sieper también, además de Antonio Vela que me consiguió la Hasselblad. Asimismo, insiste en que “los costes eran muy importantes, eran la espada de Damocles. No teníamos dinero y lo que había lo invertíamos todo en eso, y si nos salía mal, entonces era un gran problema. Y tampoco
los materiales eran los de ahora, una tarjeta de memoria y ya está. Si querías rollos de 25 asas, por ejemplo, había que pedirlos y esperar a que llegaran”. La información y la calidad es lo que privaba en aquellos tiempos, y uno se las ingeniaba para dar los trabajos con el menor coste posible, con lo cual aprendimos a ser eficaces y a reciclar al máximo.
EVOLUCIÓN
En cuanto a la evolución que ha sufrido la fotografía en muy poco tiempo, Efraín se los esperaba pero “no, con la facilidad que está ocurriendo”. Date cuenta que yo empecé por el 61, y lo primero que hice fue comprar la cámara y una balanza de precisión para preparar los líquidos. Pero era así y ni te lo planteabas. A pesar de ello, creo que en
algunos aspectos trabajo más ahora que antes aunque no me ha costado nada adaptarme a las
nuevas tecnologías.
La fotografía analógica en Tenerife
se acabó de una semana para
otra.
Entonces el paso que no había dado me vi obligado a tomar, pero lo cogí enseguida. Cuando empecé se consideraba que el máximo de ampliaciones contenían 70 grises o valores de luminosidad distintos, y era una cosa mítica el 70, y ahora cualquier cámara con un software normal te da 76 puntos de luminosidad distintos, pero un señor cualquiera, con tal de que se compre el software y se lo lea, claro”. Por su parte, Luis asegura que “en aquella época lo que pasaba es que uno imaginaba que cada vez sabía más de revelado, de líquidos, y ese era el camino del avance fotográfico. Pero nunca había imaginado esto porque va por otro camino, que lo hemos aceptado y nos hemos adaptado a él, pero nuestro camino era muy distinto. A mí si me ha costado adaptarme porque tardé tanto en aprender lo que aprendí que me resistía a dejarlo. A mí me ha ayudado gente como Efraín a que me transformara, ya que el laboratorio fotográfico con químicos lo he dejado hace muy poco tiempo. Precisamente, dando clases de laboratorio fue la última vez que entré en el”. A pesar de todo, “me he adaptado bien y
ahora estoy muy contento, no volvería atrás, por supuesto. Pero el paso me costó un poco
soltar lo aprendido”. Aquí entra en escena el mega famoso photoshop. Y Efraín no puede resistirse: “No se puede vivir si eso”. Pero eso no quiere decir que antes no se hiciera porque, “debe quedar claro que nunca has visto una foto publicada sin manipular. Siempre ha existido el retoque, antes estaban lo retocadores que eran unos auténticos artesanos y artistas.
Lo único que ha cambiado con el photoshop es que cualquiera te hace un retoque bueno. Ahora es más fácil. El problema es que hay un cierto intrusismo porque antes lo hacían los profesionales de la fotografía y ahora cualquiera lo piratea y sin legalizarse ni nada lo utiliza”
FOTONOVIEMBRE
Finalmente, abordamos el monográfico de nuestra revista y los dos coinciden en sus valoraciones. Para Efraín,
“Fotonoviembre es como el Festival
de Música de Canarias, y eso
no puede desaparecer”.
Sobre todo, porque cubrió un vacío impresionante. Por eso, hay que felicitar al que se le ocurrió la idea, y a los que la han llevado a cabo y la han mantenido a lo largo de diez ediciones”. Ahí, Luis no se resiste y le pone nombre: “Antonio Vela es de los compañeros aquellos que hablábamos del principio. Todos los aparatos de laboratorio buenos que había en el mundo los traía. Y en cuanto a la fotografía, las mejores máquinas también. Por lo que a través de él, Canarias se benefició mucho en este sentido. Y él ha seguido en Fotonoviembre
lo que cultivó con su padre, es decir, como un cariño y un deseo de traer a Canarias lo
mejor de la fotografía. Y ahora cada dos años por lo menos nos reunimos. Y eso es muy interesante e importante”. Por su parte, Efraín incide y concluye: “Antonio siempre habló con su padre para traer materiales carísimos y súper refinados de un nivelazo que no se conocían por aquí. Y eso hay que agradecérselo porque a nosotros nos benefició mucho”.
A todo esto, cayó la noche y ni nos percatamos.
Percibimos los rasgos del de
enfrente con dificultad pero a nadie se le
pasó por la cabeza la palabra interruptor.
No hacía falta, porque lo importante en
este caso eran las palabras, no la imagen,
ni la luz. Curioso


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