Entrevista FN09 Alexis W.

Alexis W.

En este número dedicado a FOTONOVIEMBRE no podían faltar las reflexiones de Alexis W, uno de los artistas canarios a los que la Bienal les sirvió como un “espaldarazo”, para seguir trabajando, allá por los noventa. Este herreño internacional, descubrió con su profesor de párbulo, Imeldo Bello, “la fascinación del desnudo, el blanco y negro, la magia del cuarto oscuro o el hapening como una manera de trabajar” y ya no pudo dar marcha atrás. A pesar de que cree que “el nivel creativo de las islas está a la altura de cualquier otro sitio”, conoce las dificultades de “proyectar y enseñar los trabajos fuera para hacerte un hueco en el mercado o tener el reconocimiento”. Hoy en día su obra “no se podría entender sin Madrid, escenario donde transcurren los hechos, lugar donde viven los personajes y se personifican sus vidas”. Y ahí está su ojo, su cámara, porque “en la jungla del asfalto encuentra al hombre en su estado más salvaje”. Quizás por ello no se siente tanto fotógrafo sino “un comunicador, interesado y comprometido” con las problemáticas de su tiempo, que trabaja “con la emoción y la ternura”. Porque para él, fotografiar “es un acto de amor, de posesión”. Casi nada.

“Fotonoviembre es,
sin duda, una de
las apuestas
culturales más
serias, sensatas
y coherentes
de Canarias”

¿Cuándo y cómo empezó todo?

Tuve mis primeros coqueteos con el medio fotográfico de la mano de mi profesor de párbulo, y amigo, el pintor y fotógrafo Imeldo Bello. Con él descubrí la fascinación del desnudo, el blanco y negro, la magia del cuarto oscuro o el hapening como una manera de trabajar. En él reconozco las primeras influencias, y éstas se manifiestan claras en mi primer libro “San Borondón relato de un sueño” (ediciones del Umbral 2000). Un poemario fotográfico donde recurro a lo mitológico como pretexto para fabular y reconstruir un paisaje mental, producto del deseo de pertenecer a algún sitio, de reconocerte con un lugar. Una especie de ejercicio de rehubicación, producto de las necesidades de aquel entonces. De los 60 desnudos que transitan por sus páginas, sólo hay dos rostros. Los demás personajes aparecen escondidos tras las máscaras y las piedras, abandonados en la soledad de la isla. Curioso punto de partida. Después llegó “La ventana indiscreta “ y todo se abrió de par en par.

¿El fotógrafo nace o se hace?

La curiosidad, la casualidad y otro tipo de necesidades son las que te llevan a acabar teniendo una cámara en las manos. Si con la cámara encuentras la manera de cubrirlas, después, como en cualquier otra profesión, el fotógrafo se forma y se hace.

El artista herreño asegura que
“ ha servido a muchos como
trampolín y laboratorio”
y que existe “una responsabilidad
de dar apoyo a los que empiezan”

Aunque sea un tema recurrente, ¿cómo ve el tema de la creación artística en un ámbito como las Islas, limitado y alejado, y más al estar afincado en Madrid?

La creación o el nivel creativo que hay en las islas está a la altura de cualquier otro sitio. Las posibles dificultades están más focalizadas en el ámbito de cómo proyectar los trabajos, cómo enseñarlos fuera y lo que ello supone, cómo hacerte un hueco en el mercado o tener el reconocimiento. Ahí es donde las limitaciones de nuestra condición insular se hacen más patentes. Se echa de menos en las Islas una tradición de coleccionismo, unas políticas culturales más coherentes. La relación que hay entre política y cultura es excesiva, aunque no es un mal endémico canario, sino nacional. El desnudo en su obra; es un tema que está claro que le interesa, pero no sólo cuado retrata desnudos, porque sus retratos, sus rostros, están también abordados como desnudos, despojados de todo.

¿Es como si siempre se enfrentase al modelo como a un desnudo, aunque vaya vestido o sólo fotografíe su cara?

El desnudo y el cuerpo siempre han estado dentro de mis áreas de interés. Ha sido un tema que siempre he abordado y al que he recurrido. Durante estos años lo he ido perimetrando desde diferentes puntos de vista, he investigado, merodeado por los territorios del cuerpo, le he echado un pulso al deseo, me he autorretratado de una manera obsesiva y lo he llevado a los extremos. Indago en la búsqueda de otras cosas, me interesa la fragilidad del retratado, acercarme a lo esencial. El retrato es sin duda el mejor desnudo, la mejor manera de aproximación y acercamiento al otro. Cuando haces un retrato psicológico tu también estás en sus manos, tú también estas desnudo ante él. Con la primera cámara que tuve en las manos, lo primero que hice fue hacerme un desnudo, ese fue mi primer retrato. Ha trabajado desnudos en el paisaje de El Hierro. Viniendo de una isla que es casi un reducto, pequeña, limpia, intacta, por la que parece que el tiempo no pasa, y afincado como está en una urbe como Madrid, ¿qué le ofrece cada sitio, desde el punto de vista de su trabajo, qué aporta (o ha aportado) a su estética cada lugar y de qué manera (luz, colores, personajes…)? En mi obra ha habido siempre una cierta inclinación a lo autobiográfico, una autobiografía muchas veces construida en el otro. El trabajo funciona como una especie de relato de vida, es ahí donde he querido llevar las cosas. Intento que la experiencia vital o el momento que vivo se proyecten en la obra. En ese sentido, los lugares, tanto en un sitio como en otro han aportado lo suyo. Me gustan esas obras en la que ves perfectamente que el autor se desparrama ella, que sabes que de alguna manera “pertenece” a ese mundo que nos enseña. Actualmente se esta estableciendo otra relación. Ahora las Islas son el plató y el estudio donde estoy desarrollando varios proyectos. He montado un estudio en El Hierro, donde estoy redibujando la nueva cartografía antropológica Canaria, un trabajo sobre nuestra identidad. Me lo estoy pasando en grande; estoy haciendo un trabajo de investigación en torno a la figura de Luis Francisco de León, un herreño imprescindible en la historia de Venezuela. Fue de los primeros que se levantaron contra los caciques españoles (1743). Paralelamente desarrollo un trabajo donde el sueño, el viaje y la muerte son los argumentos conceptuales que articulan la obra. Temas universales focalizados en drama migratorio canario actual. La influencia de la ciudad en el trabajo ha sido determinante. Es el escenario donde transcurren los hechos, el lugar donde viven los personajes y se personifican sus vidas. Es ahí donde se proyectan mis conflictos y preocupaciones, en el lugar que vivo. Asumir tu lugar, aunque sea temporalmente supone formar parte de ello. En la jungla de asfalto encuentro al hombre en su estado más salvaje. El trabajo hasta hoy, no se podría entender sin Madrid. El anterior tampoco sin las Islas. Sin darme cuenta, con estas dos exposiciones, he comenzado a construir un documento, testimonio de como es un barrio del centro de una ciudad de principios del siglo XXI, y por extensión de la sociedad española del momento. El trabajo ha ido adquiriendo poco a poco esta connotación sociológica. Esta es la dirección a donde quiero seguir llevando la continuidad de estos dos proyectos.

Hablando de la pintura barroca, nos gustaría saber si en “Mi colección de vidas” ¿hay una búsqueda consciente, por su parte, de esa afinidad, o es más casual? ¿Abordó la exposición con esa idea?

El interés y la relación con lo pictórico, ha sido paralelo y simultáneo a la serie. La luz con la que trabajo (una bombilla de tugsteno que ilumina la barra de un bar) estuvo siempre allí, esperándome. Un día me puse a jugar con ella y descubrí sus posibilidades. A partir de ahí, en la evaluación de los resultados, es cuando se establece por si sola la relación con lo pictórico. El interés reside más en otros factores, en el escenario de la representación. En lo que no se ve. En la peculiaridad del proceso mismo de construcción de la imagen. En la tensión del momento, que luego lo impregna todo. En la liturgia del encuentro, en la magia del dialogo con el otro, y porque no, en la violación, en el robo que puede ser tomar un retrato. En las diferentes ediciones de LVI podemos ver como he ido desposeyendo progresivamente de atributos y artificios el rostro, hasta llevarlo al retrato neutro. Hasta ahí, suficiente, más allá me da miedo.

¿La fotografía tardó mucho en llegar a las galerías de arte. Ahora con Internet puede estar al alcance de todos. Donde esta el límite. Sufre el fotógrafo el pirateo como los músicos?

La apuesta profesional que he hecho la he llevado a un contexto muy puntual, en ese sentido el “pirateo” me afecta de manera positiva. Proyectar y dar a conocer el trabajo en un mundo tan competitivo, es una de las estrategias en las que hay que más tienes que invertir tú tiempo. Internet ayuda mucho en ese sentido. Estoy a favor de globalizar y democratizar todo lo posible. Todos con todos.

¿La fotografía comenzó siendo, una caja negra, un retrato de la realidad ahora con el uso desmesurado de la postproducción y el photoshop se está convirtiendo en lo contrario?. ¿Donde está el límite si lo hay?

En los procesos creativos, los límites lo tiene que poner el artista, esa es una de sus responsabilidades. En mi caso es una herramienta que uso puntualmente, y no por una cuestión de pudor. Me interesa la realidad, sin más, incluso como punto de partida para construir ficciones. Es tan confusa a veces la línea entre ficción e irrealidad que no nos queda otra que aprender a leer entre líneas. No creo que tenga tanta importancia ni condicione tanto, tiene que ver más con las tendencias. Estamos faltos de ilusión y redibujar nuestra realidad puede ser un buen antídoto.

¿La entrada de lo digital, el abaratamiento y sencillez de las cámaras hace que cualquiera se llame o considere fotógrafo. ¿No es necesario pasar por una escuela y aprende el abc mínimo de la fotografía?

Por lo menos es recomendable, aunque la importancia reside en el ojo, la manera de mirar, de ver, de contar aquello que te interesa, de proponer los relatos y las historias. Tener la mejor cámara del mercado y saber usarla no te garantiza tener un buen trabajo, solo ayuda a presentarlo. Una buena historia se puede contar con una cámara de teléfono móvil. No creo tanto en las máquinas. Luego están las excepciones, el culmen de la sofisticación, la élite, como Miroslav Tichy, que se construía sus propias cámaras con latas, cartones y culos de botella que encontraba en la calle, donde vivía. Un trabajo fascinante que irónicamente esconde un alto grado de sofisticación detrás de la tosquedad de lo artesanal y donde parte del éxito de su prosa reside en el fallo, en el error.

¿Qué opina de Fotonoviembre?

La primera vez que colgué el trabajo públicamente fue en la edición del 93. Desde entonces siempre hago todo lo posible por tener presencia en el festival, motivado por querer que el trabajo tenga presencia en casa. La bienal ha sido el pretexto perfecto para ello. Es sin duda una de las apuestas culturales más serias, sensatas y coherentes que se han puesto sobre la mesa en Canarias. No lo digo yo, lo dicen y avalan 20 años de trabajo y 10 ediciones. Desde su modestia, nadie puede cuestionar que ha cumplido con creces los objetivos. No solo nos ha permitido ver en Canarias a los grandes maestros de la fotografía, sino que nos ha servido a muchos como trampolín y laboratorio, un espaldarazo para seguir trabajando. Solo hay que echarle un vistazo a la lista de artistas que hemos pasado por el festival. Me interesa el hombre, las aristas de sus conflictos y por extensión los míos… para llegar ahí hay que pasar por el ejercicio obligatorio de desnudarse, si no, sólo te das un paseo por la superficie. “Mi colección de vidas” y las siete ediciones de “La ventana indiscreta” constituyen en sí mismos un pequeño reflejo de nuestro tiempo. La fotografía ha cambiado mucho su estatus, al mismo ritmo que han cambiado los tiempos. Que esté al alcance de todos es algo positivo ya que la globaliza. Photoshop es una herramienta más a tu disposición. Su uso puede enriquecer o no una propuesta, depende del tipo de trabajo, de lo que se quiera contar o como hacerlo.

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