ATENAS ES COMO UNA MÁQUINA DEL TIEMPO
Manuel Martínez-Fresno
Pero poco engrasada. Sin duda pasear por estas calles colapsadas de coches y de ruinas, constituye un apasionante viaje a través del tiempo, hasta hace algo más de 3000 años de antigüedad. Esta capital rezuma arte y mitos, pero también huele a joyerías, porque hasta éstas desprenden aroma. Dice la leyenda que los atenienses, de ahí su nombre, optaron por Atenea en aquel mítico duelo con Poseidón. Quizás por ello, porque eligieron los olivos (el aceite es producto nacional) en lugar del agua, se quedaron a medio camino del Mediterráneo, que en esta urbe sigue pareciendo siempre estar demasiado lejos. Estrategias de la era clásica, que no impidieron que hoy en día, por su precario diseño urbanístico y su superpoblación, sigua siendo una pesadilla moverte en coche por ella. Como otras muchas urbes, las últimas Olimpiadas aportaron el maná del desarrollo y la modernidad, a excepción del pintoresco taxi “compartido” (¿rescoldos de un viejo régimen militar?). Esta ciudad es fea, para qué negarlo, pero es la contradicción que hace que no haya en el planeta otra capital que, sin gustarnos nada en su conjunto, nos entusiasme tanto en sus partes -sobre todo si están algo “ruinosas”-.
Relajación
Atenas es creativa, casi tanto como dramática. Este adjetivo le va al pelo, en su urbanismo, en su funcionamiento, en su bellísima lengua cuya fonética tanto nos suena y cuya gramática no somos capaces de comprender. Esa creatividad ha llegado también a los hoteles, y así puedes elegir entre el lujo –el top de los clásicos, recientemente renovado- del Grand Bretagne, en la pza. Syntagma (su restaurante de la terraza superior es magnífico!), el tradicional Hilton, y el Hotel Pentelikon, un clásico-elegante en el barrio de Kifissia. O elegir los más cool entre los que destaca el St George Lycabettus Hotel, en Kolonaki (lugar de reunión de los más fashionistas de la ciudad). También aquí el funky y chic Periscope Hotel. Ya en Psiri el Fresh Hotel (muy nuevo, minimalista y moderno, con vistas a la Acrópolis desde su Air-Lounge Bar de la 9ª): el lux postmoderno del Semiramis, en el mismo barrio (con el toque-diseño tan especial de Karim Rashid) y, siguiendo en Psiri, el O&B Hotel (reformado tal que discreto y elegante). Mientras el crazy-ultradivertido Baby Grand Hotel, cerca de pza. Omonia, y el Alassia (un 3* design a buenos precios). son otras buenas opciones.
Contemplación
La Acrópolis, imponente desde su altura a 156 mts sobre el nivel del mar, es probablemente uno de los espacios arqueológicos más impactantes del mundo. En ella, y a través de una de las calles peatonales más largas de Europa, recorremos los templos de Erecteión, Atenea-Niké, los Propileos, el Odeón de Herodes Atico, el Partenón y el antiguo teatro de Dionisos. Más abajo en la calle Makiryanni, el nuevo Museo de la Acrópolis, diez veces mayor que el anterior y obra del franco-suizo Bernard Tschumi, es un moderno edificio de cristal que alberga más de 4000 piezas arqueológicas de todos los periodos, destacando las originales “Cariátides” del Erecteión, un friso del Partenón, y otras muchas. El Monasterio de Dafni, el Estadio Panathinaiko (sede de la primera Olimpiada de la era moderna), y los Museos Arqueológico Nacional y del Agora, completan el recorrido monumental. El paseo urbano no debe olvidar el centro neurálgico, político y social de esta capital, o sea, la plaza Sintagma; así como los Jardines Nacionales, junto al Parlamento y la “Trilogía Neoclásica” (Academia, Biblioteca Nacional y Universidad de Atenas). Los barrios de Plaka (tabernas), Psiri (la marcha nocturna), Kolonaki (shopping y ocio con mucho estilo, a las faldas del Monte Lycabeto), y la remozada zona de la fábrica de gas, Gazi, espacio multicultural, completan la oferta contemplativa.
Shopping
Como en todas la ciudades, también aquí hay una calle prototípica para las compras, y se llama Ermou. Entre los barrios de Monastiraki y Plaka se cuece el asunto más populoso y, por ello, menos elegante. Así en Evripidou, las especias, en Plaka, el mercadillo más conocido, y en Monastiraki, el de los domingos de la plaza Avissinia. Sepan que Ermou parte de la plaza Syntagma. Más arriba de ésta pero muy cerca a pié, ya en el elegante barrio de Kolonaki, es donde se encuentran las marcas de lujo habituales, principalmente en las calles Panepistimiou y Voukourestiou. Precioso barrio éste en la colina de Lycabeto con una plaza central, Platia Kolonakiou, que es el punto de reunión de la élite ateniense; barrio que comparte con Kifissia y Glyfada la trilogía de distritos chic para compras en la capital ateniense.
Digestión&Diversión
Esta es ciudad de cenar tarde y de restaurantes familiares, donde comer es casi una ceremonia religiosa. Entre las típicas “tabernas”, Strofi (25 Rovertou Galli, debajo de la Acrópolis), Spondi (estrella Michelin en 5 Pymonos, Pangrati), y Paradosiako (ruidoso pero delicioso, y dicen que la mejor ensalada griega de la ciudad). Saita Bakaliaro (Nikis esq. Kydathneon) ofrece el mejor bacalao frito. Más elegantes, Vardis (* Michelin, en el Hotel Pentelikon), Le GB Corner (en el hotel Grand Bretagne),y Le Grand Balcon (hotel St. Georges Lycabettus), en Kolonaki. También en este barrio, los modernos Boschetto, Orizontes y Balthazar (el más fashionista ahora mismo). En Gazi, Aristeria-Dexia sigue de moda; en Kiffisia el Piazza Mela, y en Glyfada , Dragogio. Para las copas posteriores, el propio Balthazar (+ glamour), Galaxy (+ gente guapa en la azotea del hotel Hilton), Frame Bar (+ cool, hotel St Georges Lycabettus), Baraonda (siempre de moda), Nixon (+ trendy), Apsendi (+ chic), y el estupendo Bios (+ alternativo).
Reflexión
Emociona pensar que Platón, Aristóteles o Sócrates recorrían también esas mismas calles de una de las ciudades más antiguas del mundo. Los contrastes de Atenas desconciertan: tabernas y monasterios, el rito Ortodoxo y el Sirtaki, tantos gatos y tanto Ouzo (licor de anís), los dolmades (ya sabrán lo que es) y el queso feta, las falditas plisadas de la Guardia Griega y las boutiques hipersexys de Kolonaki, los insoportables taxistas y las maravillosas cantantes griegas (Alexiou, Galani o Protopsalti, entre otras). En definitiva, es admirable el “drama” con el que viven y se expresan estos griegos, sin dejar de parecer los más pretenciosos de Europa (es que saben de dónde vienen). Hablan y hablan y hablan, en lugar de preocuparse por aprender a ser más amables con sus compatriotas y los turistas. Así y todo, pueden seguir hablando, ¡y gritando si es necesario!, hasta que Londres, Berlín o Paris les devuelvan todo lo que les expoliaron para sus museos.

